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Grupo Literario - San Francisco *Córdoba *Argentina

SILVANA MARIA MANDRILLE


Soy Profesora de Educación para la Enseñanza Primaria y Profesora de Psicología y Ciencias de la Educación.
Estoy afiliada a S.A.D.E.

Escribo desde mi adolescencia movilizada por mis experiencias de vida, sintiendo la necesidad de plasmarlas como un modo de registrarlas, rememorarlas y luego poder superarlas; y guardarlas en el pasado porque comprendí que la vida camina en una sola dirección: “hacia adelante”. Siempre, la lectura y la escritura fueron mis más efectivas terapias. Me ayudaron a crecer y las exploté al máximo en mis momentos más duros. Me hace feliz que haya gente que lea mis vivencias, y con la que puedo también compartir las suyas. Mis producciones han merecido reconocimientos en concursos literarios regionales y nacionales.

                                       





       INSTINTO MATERNAL



El coche se desplazaba por la ruta solitaria. Su único ocupante, un señor mayor, concentraba su atención en los acordes de una pieza clásica que emitía la radio. Imprevistamente lo alertó una figura femenina haciendo señales al costado del camino. Presto, el hombre, aminoró la marcha deteniéndose junto a ella.
-¡Por favor ayúdeme! (susurró la mujer entre lágrimas). Tuve un accidente y mis hijos están atrapados en el interior del automóvil. No puedo sacarlos. Usted tampoco podrá hacerlo. Vaya hasta el próximo pueblo y pida auxilio, qué vengan pronto por mis hijos (rogó la madre casi sin aliento).
El viajero desesperado recorrió veinte kilómetros y llegó al poblado más cercano. Dio aviso a la policía y a los bomberos, quienes acudieron rápidamente al lugar del siniestro, acompañados por una ambulancia.
El mensajero permaneció a la vera de la senda para no interferir la labor de los profesionales. Luego de una larga y ardua hora de trabajo, el jefe de policía se le acercó y le preguntó:
-¿Usted vio cómo sucedió el accidente?
- No señor, yo solamente hablé con la madre de los niños.
- ¿La madre? ¡Imposible! El médico ya ha constatado su deceso. En uno de los vuelcos se desnucó. La muerte fue instantánea.

Silvana María Mandrille
Mención de Honor Género Cuento
13º Certamen Internacional de Poesía y Cuento
Ediciones Mis Escritos
Buenos Aires, Septiembre de 2014




                                 
                                           
                                      



Silvana María Mandrille
Tercer Premio Género Poesía 8vo. Certamen Internacional "Prof. Oscar Grandov"
Rotary Club de San Genaro (Sta. Fe )  13 de Junio de 2014





EFLUVIO SILVESTRE

Una infinita bandada de tordos
                       apaga el cielo
y en estruendoso aleteo solidario,
                       perturba
                              la quietud del ocaso.

Una daga encendida
                      hiere el horizonte.
Es apenas un parpadeo
                           en las asustadas
                                  pupilas
                                        del bosque.

Una ráfaga impetuosa
                    de ventisca
hace crujir las ramas
                         fantasmagóricas.
Los instintos feroces
                            en alerta,
                                presurosos,
                                     marcan el territorio
                                          con sus miedos.

Diluvian plumas
                  de pájaros
sobre el agreste paisaje
                       que desde temprano
                                   huele a lluvia.

Silvana María Mandrille

Tercer Premio Género Poesía
8vo. Certamen Internacional "Prof. Oscar Grandov"
Rotary Club de San Genaro (Sta. Fe)
13 de Junio de 2014

                              

MENCIÓN  de HONOR  y MEDALLA 
en el XXXV Concurso Internacional de Poesía y Narrativa 
"HERMANANDO CONTINENTES"
y  estuvo organizado por el 
 INSTITUTO CULTURAL LATINOAMERICANO
Ciudad de Junín , Prov. de Buenos Aires.- 22 de junio 2013



                   

                                         




































DOÑA AZUNTA POSTERGADA 


Esta es la historia de doña Azunta Postergada, una mujer que se había pasado la vida conformando a los demás. A todos, menos a ella.
    Cuando fue niña ofició de madre de su hermano menor, un niño hiperquinético que la tenía a mal traer. Cuando ella andaba por el séptimo de la primaria, el pequeño transitaba el primer grado. Y como iban a la misma escuela, Azunta siempre debía responder por las travesuras del infante que no eran ni pocas, ni inocentes. Una vez le pegó un puñete tan fuerte a una compañerita en la espalda, a la altura de los pulmones, que la niña casi dejó de respirar. En otra oportunidad, jugando a los indios, lanzó una caña con la punta afilada a modo de lanza con tan mala suerte (o muy buena puntería) que casi le saca un ojo a la maestra de cuarto. En fin, la tarea fraterna de Azunta nadie se la envidiaba, sobre todo porque ni la misma madre le reconocía el sacrificio (que bien podría haberlo hecho como favor a cambio de reemplazarla en lo que era su responsabilidad de criadora).
     El tiempo pasó y llegada su adolescencia, habiendo cumplido ya con su rol de niñera, del que había salido con las piernas verdes de moretones por las patadas del hermano, se transformó en amiga confidente y guardadora de los múltiples secretos de amor que le confiaban sus pares. Más que Azunta, en esa etapa de su vida, fue Celestina. Hizo de correo, de tenedora de vela, de aguantadora de algún amigo del novio de la amiga… En fin hasta escribió poemas y se los dejó plagiar. Todo en pro de la felicidad de sus afectuosas amistades. Además se tomó el tiempo para desperdiciar casi toda su juventud al lado de jóvenes negativos, depresivos, huérfanos, adoptados. Hasta le tocó uno con ideas suicidas en el reparto. Un buen caldo de cultivo para incentivar su interés por la Psicología que ya empezaba a avizorase; y que, lógicamente con la suma de aconteceres nefastos, se fue acrecentando hasta convertirse en una realidad, un poco más brillante  que la de haber encallado primero en la espeluznante profesión de maestra. Todo esto sucedía mientras la vida que soñaba le pasaba a la par: un sueño pasaba acompañado de una rubia top model, el otro tomado de la mano de una morocha infartante, un tercero (que parecía la opción más accesible) a punto de hipotecar sus días al lado de una veterana platinada.
     Azunta siempre tuvo fe en el futuro. Algún día sería dueña y señora de su vida como Dios manda. Pero el cielo, si bien se aclaró bastante, nunca fue celeste y limpio, sino más bien lleno de nubarrones grises y perpetuos. Después de contraer nupcias a una edad algo avanzada para la época, logró libar el néctar de las flores en primavera cual abeja hambrienta y también exprimir el jugo de su media naranja, y hasta se dio el gusto de pasear en una nube blanca burlando a las plomizas que la cortejaban.
     Un día por casualidad se encontró con el almanaque. Sorprendida descubrió que habían pasado treinta años. De no haber reparado en aquel cruel medidor del tiempo, ella diría que apenas fue ayer que aún era la niñera del hermano. La verdad que las piernas seguían entre verde y azuladas como entonces, con la diferencia que ahora se trataba de várices. ¡Y ella todavía seguía esperando un futuro en el que concretar sus anhelos! Apretó el freno, quitó el pie del acelerador y se detuvo a meditar (había leído tantos libros orientales que pintaban facilísima la meditación). Era cuestión de exhalar los problemas y las preocupaciones y de inhalar bendiciones, emociones, determinaciones, sanaciones, visiones y no sé cuántas otras cosas más terminadas en “iones”. La dificultad era poner su mente en blanco aunque lo intentaba, pero al cerrar los ojos por la oscuridad empezaban a pasar las imágenes del pasado teñidas de cotidianidad y rutina, cargadas de obligaciones y culpas, escasas de bienestar propio. Y así cual diapositivas se iban sucediendo los momentos de su vida repartidos entre criar a los hijos, ejercer de ama de casa, cuidar a los padres enfermos y atender las demandas de alumnos que succionaban su savia. Pronto cayó en la cuenta de que su vida hasta ese momento había sido un compendio de presiones laborales,  apuros familiares y compromisos sociales.
      Entre intentos frustrados de meditación y una que otra sesión al psiquiatría, un buen día y sin previo aviso le llegó la jubilación. Y debió ser precisamente en ese instante cuando Azunta dejó de cifrar sus esperanzas en el futuro y empezó a vivir con plenitud el presente.

SILVANA  MARÍA MANDRILLE
Género Narrativa 
Decimotercero Concurso Literario Internacional 
“Alfonsina Storni”S.A.D.E. Secc. Marcos Juárez (Cba.)
Julio de 2013






ALGUIEN

ALGUIEN nace a la vida llorando.
Abandona las entrañas maternales 
y prueba por vez primera  el desamparo,
mama leche y mundo sin saberlo.

ALGUIEN quiere vivir y no lo dejan.
Falaces utopías y crudas realidades
le cierran caminos, le alzan muros;
y en su prisión lo encierra la costumbre.

ALGUIEN pretende eternizarse,
pasional, amoroso, fiel, en puerto seguro
y se ahoga en el mar sin poder escapar
de los barcos que se hunden

ALGUIEN muere de pena o de vejez,
de cansancio o de amor;
desamparado y solo,
vomitando el mundo que antes se tragó.

ALGUIEN es un niño que quiere ser hombre.

ALGUIEN es un hombre que quiere ser niño.

ALGUIEN quiere ser pájaro.

ALGUIEN quiere ser jaula.

ALGUIEN quiere ser todo

ALGUIEN quiere ser nada.



Silvana María Mandrille



Tercer Premio
Concurso Poético “El Árbol de Guernica”  Casa Vasca Beti Aurrera – SADE Secc. CHivilcoy Chivilcoy (Bs. As.), Septiembre de 2013








2 comentarios:

  1. Me encanto su presentacion. Supe de Ud. por una amiga argentina que compartio algo relacionado con Los Amigos. Me gustaria leerlo completo.
    Atentos saludos
    Gladys B. Alarcon

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    Respuestas
    1. Gracias Gladys por tu apreciación. Es bueno saber que hay personas que valoran lo que una escribe. Te dejo el poema completo AMIGOS, creo que te referís a este:
      AMIGOS

      Son aquellos
      que desafían al tiempo.
      Vienen de primaveras,
      van camino hacia el invierno
      y siguen guardando soles
      en el hueco de sus manos…
      Y siguen sembrando flores
      en el jardín del encuentro.

      No los olvida la muerte,
      ni los defrauda la vida…
      Están juntos para siempre
      más allá del espacio
      que habitan sus cuerpos,
      más acá del principio
      donde comulgan las almas
      en la danza de lo eterno.

      Nuevamente agradecida por el comentario. Un abrazo!

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