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Grupo Literario - San Francisco *Córdoba *Argentina

LIDIA BERTA FORTUNA






                          TRISTEZA


   Los días de dolor parecen que nunca terminan.
   Problemas angustiosos se aferran a mi espíritu con garras lacerantes.
   Los seres más queridos aprietan sobre mi corazón con la acechanza de lágrimas, angustias y fracaso.
   Amanece un nuevo día, y me esfuerzo por ser valiente.
   Confundo prudencia con timidez, y no quiero arriesgar para no caer en la cobardía porque no es una virtud, a pesar que todas las virtudes guardan el debido equilibrio y siguen siendo virtudes.
   Me dejo guiar por la Divina  Providencia para llegar a conocer, cual es la razón de ser en la vida, porque es muy triste estar en una sala de espera sin esperar nada.
   La fe un producto de la razón, y permanece en ese mundo que trato de aceptar con gran esfuerzo aunque no llegue a ser perfecto.



CREPÚSCULO


   La noche teje su silencio. La tristeza me embarga. Quiero disimular esta agonía; me despierto, anhelo encontrar su mirada, las antiguas caricias, ese ayer de palabras.
   Así transcurren los minutos, pasan lentamente, y la lucha templa las espadas de mi espíritu para continuar, y sentirme con fuerzas y ánimo en la propia derrota.
   Me acerco a la ventana y la piadosa brisa de la aurora besa mis mejillas. Se inunda de dolor mi soledad, porque ella, no entiende lo que seguramente le hubiese convenido comprender.
   Recuerdo, que la noche de su partida, mis ojos llenos de estupor observaron una silenciosa sombra elevándose sobre la puerta del living de mi hogar y alejarse con una velocidad prodigiosa.
   El corazón tiene razones que el entendimiento no alcanza a comprender. La vida deja la impronta de la  experiencia y siempre queda algo de lo bueno y lo malo vivido. 
   Aún creo que  tengo algo de amor que ofrecer, un compromiso que asumir y  un apostolado que ejercer.
   Después del dolor,  siempre hay  un crepúsculo para el alma.